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Cultura

Baía da Barca - Cultura

La isla emergió de una fractura tectónica de orientación ONO-ESSE, la misma que dio lugar a la isla de Faial, denominada fractura Faial-Pico, que se desarrolló a lo largo de 350 km, desde la Cresta Medio Atlántica (sigla CMA) hasta un área al sur de la Fosa de Hirondelle. El origen volcánico de las Azores y su desarrollo a lo largo de muchos milenios lo hace un museo vivo de decenas de curiosos fenómenos volcánicos. A las formas arredondeadas de las calderas, muchas veces ocupadas por lagunas, se unen las grutas y los largos tubos formados por las erupciones, las superficies negras de los desagües de lava, los materiales eruptivos que van de la brillante obsidiana a la leve y esponjosa lava y el vapor de fumarolas.

La designación henriquina de la isla era isla de San Dinis. En la cartografía del siglo XIV, la isla fue llamada “isla de las palomas”. Su poblamiento se inició en 1460 en la falla lávica de las Lajes, pero resultó definitivo en 1483, cuando Joss van Hurtere mandó fundar San Mateos. El 29 de diciembre de 1482, la Infanta D. Beatriz integra a la isla en la Capitanía de Faial, por Álvaro de Orleáns no haber tomado posesión de la isla. En 1501, las Lajes del Pico son elevadas a villa y sede del concejo por el Rei D. Manuel I. En 1542 es la vez de San Roque del Pico y en 1712 la de Madalena.

de la isla del Pico como Patrimonio de la Humanidad. El área engloba los lajidos de las feligresías de Creación Vieja y de Santa Lucía. La cultura de la viña domina la parte occidental de la isla, cultivándose el famoso “Verdejo del Pico” en pequeñas cuadrículas de terreno donde crecen las viñas, separadas por muros de basalto negro hechos de piedras sueltas, llamados localmente “corrales”. En la actualidad, se pretende construir un Parque Nacional de la Isla de Pico, englobando el área de la montaña de Pico y la meseta central. Otro patrimonio incluye: la Gruta de las Torres, en la Creación Vieja; la Cueva de Fray Matias, en Madalena; el Museo del Vino, instalado en el antiguo Convento de las Carmelitas; el Museo de la Industria Ballenera, en San Roque de Pico y el Museo Regional de los Balleneros, en las Lajes de Pico.

Los habitantes de la isla se dedican a la agricultura, la pesca y la cría de bovinos. La viña, en otra altura una de las grandes riquezas de la isla que producía el famoso vino del Pico, exportado para Inglaterra y América del Norte y que llegó a ser servido a la mesa del propia Zar del Imperio Ruso, fue gradualmente afectada por la plaga de oídio en la segunda mitad del siglo XIX. Actualmente, la producción es reducida y las principales fuentes de rendimiento en el campo de la agricultura son los productos hortícolas, la fruta y los cereales. La pecuaria está muy desarrollada, especialmente en el concejo de San Roque de Pico. La pesca es otra actividad importante. Las industrias de la isla está, casi en su totalidad, relacionadas con el ramo alimentar: lacticinios, destilerías y moliendas. En la artesanía, destaca la escultura en basalto y en huesos de ballena, así como encajes y bordados.

La gastronomía de esta isla es muy rica. La dificultad se une con la oferta, debido a la cualidad. El mar, generoso, ofrece una amplia variedad de materia prima para la preparación de deliciosos platos. Los crustáceos como la langosta, la cigarra marina y el cangrejo; los moluscos encabezados por la lapa y la barnacla, manjares inigualables, y sus “primos” calamares y pulpos, base de platos únicos como “pulpo guisado en vino oloroso”. Peces de todos los tamaños, formas, colores, texturas y sabores – brótola, chicharro, morena, vieja (desconocida en el continente, muy parecida con el bacalao), lírio, salema, cherna, mero, pez espada – hacen difícil escoger. Cocidos, fritos o a la parrilla son una delicia, pero también se pueden ofrecer en una divina “sopa de pescado” o en una espectacular “caldereta”. Pero los pastos picoenses no son menos pródigos que el mar que los rodea. La carne de bovino y porcino resulta imbatible “a la moda de Pico”, con carne de vaca o con torreznos, a partir de carne de cerdo. La carne de bovino no resulta menos apetecible en un buen filete. La de porcino se traduce en longanizas y morcillas. También tenemos los acompañamientos, sólidos y líquidos, los quesos de San Juan y del Arrife, ambos de leche de vaca, combinan con un vino verdejo y un pan de masa cebada. Cuando no se desee probar los dieciséis grados del verdejo, con miedo de no conseguir levantarse, se aconseja un “vino de olor” o uno de los blancos o tintos producidos en la isla. Hablar del vino del Pico es sinónimo de orgullo. La cultura de la viña está asociada a los primeros tiempos del poblamiento, a finales del siglo XV. El vino verdejo, a partir de la casta del mismo nombre, ganó reputación mundial a lo largo de los siglos, llegando a la mesa de los zares rusos. A partir del siglo XIX se introducen nuevas castas que originan los blancos y tintos de mesa. El modo de cultivo, contra la aspereza de los terrenos volcánicos, casi sin tierra vegetal, en corrales, que son áreas con muros de piedra negra, de muy pequeña dimensión, marcan de la misma manera la cultura de la isla del Pico. La prueba de la importancia local y mundial es el hecho de que, en julio de 2004, la UNESCO consideró el Paisaje Protegido de Interés Regional de la Cultura da la Viña de la Isla del Pico, creado en 1996, como Patrimonio Mundial de la Humanidad. Los corrales, los montones de piedra en forma de pirámide, las viñas y las bodegas con sus equipamientos son los elementos emblemáticos de la viña y del vino. Por último, una ojeada por los dulces y digestivos para saber más sobre la gastronomía local: un buen plato de arroz dulce, masa cebada o rosquillas. Para rematar, un aguardiente del Pico, aguardiente de higo o uno de los varios licores hechos de diversos frutos.

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